Cuatro tipos de amor para aprender a amarse a uno mismo.

En el punto central del "viaje interior" que estoy describiendo a lo largo de estas publicaciones, voy a hacer un alto en el camino para responder a una cuestión que me han trasladado vía mail a colación del post anterior, porque la duda que me plantea la chica que me escribió me ha parecido muy interesante. La interesada me decía que no comprendía muy bien qué era eso de entender el amor como un estado de conciencia, porque ella siempre lo había entendido como un sentimiento que formaba parte de todas nuestras relaciones - sobre todo de las sentimentales- , algo que por mi alusión del amor ágape -una de mis metas- se intuía que era así. Vayamos por partes para responder a esta reflexión.


Si tomamos en consideración la Historia Oculta de Cristo - algo que os recomendaría revisar no sólo por lo interesante que es conocerla, sino también por lo mucho que nos remueve los preceptos del paradigma religioso - el maestro Jesús enseñó a sus discípulos cuatro formas diferentes en las que el amor podía manifestarse: Philia, Estorge, Eros y Ágape. Así nos nombró.


Sintetizándolo mucho, el primero hacía alusión a los lazos de afecto que entablábamos a edades muy tempranas con nuestros familiares más directos, el segundo hacia alusión a los lazos de afecto que entablábamos algo después cuando nuestros círculos se ampliaban y aparecían nuestros primeros amigos, el tercero hacia alusión a los lazos de afecto que nos vinculaban a nuestras parejas en sentido romántico y el cuarto hacia alusión a los lazos de afecto, y atención aquí, que entablábamos con nosotros mismos cuando aprendíamos la lección de amarnos a nosotros mismos. Un tipo de amor que podría ser entendido como sinónimo del amor divino, y que traería de la mano consigo una toma de conciencia desde la cual nos daríamos cuenta que el amor a secas no era ni un sentimiento ni una emoción, sino una elección.


La de elegir en todo momento dirigirnos hacía todo aquello que nos ayudase a recordar Quién y Qué somos, tras colocarnos en el centro de nuestras experiencias aprendiendo a amar y desear en todo momento lo que más nos convenga para no alejarnos de ese propósito . Elección que dicho sea de paso, excedería en mucho el ámbito de las relaciones-del tipo que sean- que entablemos, porque se podría aprender a amar una profesión, un proyecto, un sueño... por poneros algunos ejemplos. ¿Comprendes ahora cuál es la razón por la que elegí la coletilla de "Nunca te olvides de amar lo que haces", que empleo siempre antes de despedirme en mis vídeos?


Pues como esa fue mi elección y el estado de conciencia por el que trato siempre de regirme en todas las áreas de mi vida, también lo es a la hora de elegir una pareja con la que compartir el camino. No porque este tipo de amor en sí mismo tenga que ver con entablar una relación de pareja, sino más bien tiene que ver con que en mi caso, dado mi cv vital, he elegido conscientemente extrapolarlo a esa área también para aprender a mantener una relación que me muestre que ante todo me aprendí a amar a mí misma primero y desde la que "el otro implicado" solo me refleje mi crecimiento interno mientras me hace de espejo. Pero eso si, un espejo ya sanado de todas las cosas que los espejos anteriores- mis relaciones previas, vinieron a mostrarme en el pasado para que lo sanase todo en mí.






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