No son las circunstancias las que nos aprisionan, son nuestros pensamientos.

En muchas ocasiones nuestra vida se ve azotada por lo que consideramos "diferentes problemas" que desde varias áreas a la vez parecen hacer frente común con el único propósito de robarnos la paz y la armonía. Momento en el que añoramos la comodidad- seguridad en la que creíamos encontrarnos e instante en el que comienzan a aflorar un sin fin de emociones que nos hacen creer que eso que no sabemos cómo resolver es "algo" o "alguien" que como poco nos hace sentirnos prisioneros y a merced de las circunstancias.


¿Te has sentido alguna vez así?... Por cómo se entrama la cárcel mental en la que todos quedamos atrapados en torno a los 3-7 años de vida... lo más probable es que la respuesta a esta pregunta, si te la haces, sea que SI. En cuyo caso si me lo permites, te diría que quizá más que preguntarnos "Cómo soluciono todo esto que me pasa fuera" la pregunta a hacerse sea esta otra ¿Qué único "problema" dentro he de resolver para dejar de ser un prisionero de la cárcel mental en la que mis pensamientos me han colocado?.


Abrirte a la posibilidad de tratar de entender las cosas que te ocurren desde este segundo enfoque, es un primer paso hacia una perspectiva que te ayude a comprender qué único problema tienes como persona, es decir, qué único reto para tu alma es el que se esconde bajo los múltiples disfraces que adoptan los "problemas" que te asaltaran una y otra vez, hasta que te des cuenta que todos tienen el mismo denominador común, la misma causa en su origen; los pensamientos que tienes de ti y del mundo que te rodea.





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