A veces pastor a veces rebaño. La realidad vivida desde el cuadrante de lo contingente.

Las personas que se quedan atrapadas dentro del cuadrante de lo que es contingente en sus vidas, son aquellas que se pasan los días intentando averiguar porqué unas veces sí y otras veces no, alcanzan o no alcanzan eso que quieren lograr. Reduciendo el resultado, en el mejor de los casos, a un mero capricho del azar.


Estas personas llegan incluso a convencerse, por aquello de no encontrarle la lógica a su situación por más vueltas que le den a la cabeza, de que quizá una extraña ley que escapa a su control rige sobre ellas permitiéndoles en unos casos alcanzar el logro y en otros no, porque si ellos son siempre los mismos, ¿A qué se debe que alguna vez les suene la flauta y otras no? ¿A la casualidad tal vez? ¿A su suerte? No sabrían responderse por qué unas veces pueden y otras en cambio no pueden abrazar sus metas.


Lo que este personaje no alcanza a ver desde el engranaje del psiquismo de su yo, es que es más dependiente del rebaño de lo que intuye, porque si lo analiza bien observaría que cuando su manada de referencia lo logra, él también puede lograrlo. Y a la inversa ídem. Si en su círculo inmediato alguien de pronto alcanza la meta de encontrar un mejor empleo que el que tenía, D. Contingente, mejorará su situación laboral sin dificultad alguna. Pero como alguien de su entorno de referencia se atasque en las cuestiones del corazón y no logre encontrar al amor de su vida, este personaje ya se puede ir preparando porque correrá idéntica suerte, algún inesperado problema vendrá a enturbiar la armonía en las relaciones sentimentales que entable.


D. Contingente tampoco es consciente de que por ubicar sus resultados en una cuestión ajena a sí mismo, y cedérselos a los “Desconocidos designios del destino” vamos a nombrarlo así, deja de hacerse cargo de los mismos, deja de buscar soluciones porque el problema no está en él. Es decir, no hay nada que resolver por su parte. Tan convencidos están de que el problema se ubica siempre fuera de ellos que cuando tratas de hacerles ver que quizá no sea así, rápidamente justificaran la ausencia de sus logros aludiendo que en otras ocasiones sí que alcanzaron sus metas sin esfuerzo. Te dirían, retomando uno de los ejemplos anteriores, que si bien es verdad que esa última relación se fue al garete, en su juventud logró encontrar a una pareja que sí que le colmó de satisfacción durante un tiempo por lo que su problema no tiene nada que ver con encontrar lo que busca, porque ya lo hizo en el pasado.


Con este último personaje pongo fin a la saga de cuadrantes desde la lógica Pearciana. Si las descripciones de las distintas realidades que cada uno de ellos te mostró, te ayudó a identificar dónde se quedó tu mente atrapada, te invito a que te animes a poner en práctica algunas estrategias que te mostraré para que puedas hacerle frente a los automatismos que tu "yo" emplea en cada cuadrante para mantenerte prisionero de dicha realidad.